Mascotas

Por qué los perros les ladran a algunas personas (y a otras no)

Existen varias razones para poder explicar por qué los perros ladran a ciertas personas y por qué con otras mantienen una actitud diferente.

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Los perros son los amigos peludos que siempre hacen compañía en casa, se los saca a pasear, se les da de comer, se les hace mimos, etc. Depende de la forma en la que se eduque a un perro y debido a su pasado con otros seres humanos, el animal desarrollará determinada personalidad frente a las personas. Hay diferentes explicaciones que demuestran por qué un perro le ladran más a determinadas personas y a otras no.

Por qué los perros les ladran a algunas personas

Es muy común toparse por la calle con un perro y su dueño en medio de su rutina de paseo, acercarse a saludar y acariciar el animal y este reaccionando agresivamente. Muchas veces las apariencias engañan, convenciendo a las personas de que un perro con aspecto tranquilo no pueda llegar a atacar o a ladrar mal a nadie. Sin embargo, esto puede ocurrir.

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Qué transmiten los ladridos caninos

Un perro puede ladrar para comunicarse con algún otro perro o animal que se encuentre cerca, por sentirse bajo alguna amenaza, para llamar la atención de su dueño, por sentirse ansioso, por tener hambre, etc.

Este tipo de reacciones son muy normales a la hora de analizar el comportamiento canino, pero si estas actitudes comienzan a volverse más constantes y hacia determinadas personas, es necesario comprender más a fondo qué le ocurre al animal.

¿Por qué los perros se comportan así?

Para poder comprender por qué estas mascotas adoptan una actitud defensiva y agresiva hacia determinados seres humanos, primero hay que asociar al animal como si fuera una persona más. Cuando a alguien no le cae bien otra persona o tiene sospechas de que la otra persona puede ser peligrosa, la reacción más normal es alejarse o bien ponerse a la defensiva para protegerse uno mismo.

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En ese sentido, si a una persona le han robado o asaltado varias veces a lo largo de su vida, estará más atento a su entorno y reaccionará más rápido en determinadas circunstancias. Esas pequeñas experiencias de la vida hacen que la mente y el cuerpo actúen por cuenta propia en forma de protección, y así se anticipen ante una posible amenaza.

Lo mismo ocurre con los perros. Si perciben una amenaza acercándose, adoptarán cierta postura con tal de protegerse a sí mismo y a los propios. Esto se ve muy bien reflejado en aquellos animales rescatados de dueños abusivos o de zonas abandonadas sin recursos para abastecer el hambre ni la salud. Estas experiencias hacen que la mascota sienta rechazo y desconfianza cuando interactúan con nuevos seres humanos, ya que le trae recuerdos de sus malos tratos en el pasado.

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Su lenguaje corporal es su ladrido, y es su forma de comunicar cuando piden algo o algo no les gusta del todo. Es por eso que el primero reflejo que se llegue a observar son los ladridos constantes hacia alguien o algo que no le agrade.

En ese sentido, se puede decir que a los perros les caen peor unas personas que otras, igual que los seres humanos. Ya sea por esta gente invada el territorio personal y de seguridad del animal, porque tengan aspecto amenazante, por tratarse de personas desconocidas, por la postura corporal que es determinada persona tenga o bien las hormonas que produzca. Son muchas cosas que estas mascotas analizan a la hora de toparse con un ser humano, ya que les permite saber si están a salvo o no.

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Toparse con lo desconocido siempre genera incertidumbre y miedo, y la reacción más normal es sentir rechazo por aquello que no se conoce. En el caso de los perros, toman precauciones para poder definir si determinado ser humano es seguro para acercarse o no lo es.

De esta forma, se toma más consciencia sobre las actitudes de los perros y por qué reaccionan como lo hace. No se debe tomar nada personal, por lo que si nos acercamos a un perro y este comienza a ladrar, hay que entender que debe tener sus razones personales para hacerlo.

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Lo más importante es demostrarle que no somos una amenaza para el animal, acercándonos lentamente o bien permitiendo que él mismo se vaya acercando. No hacer movimientos bruscos ni mantener una expresión facial intimidante. Así, se podrá mantener una buena interacción sin alterar al animal.

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