La biodiversidad se degrada a una velocidad sin precedentes

El reciente Informe de Naciones Unidas alerta sobre la gravedad de una amenaza a la humanidad que puede y debe ser atendida con urgencia
biodiversidad

¿Puede la humanidad seguir destruyendo su hogar sin asumir las brutales consecuencias de sus acciones?

El reciente informe de Naciones Unidas sobre biodiversidad, conocido esta semana, informa en detalle sobre la magnitud del daño que causamos al planeta y las gravísimas amenazas que de ello derivan:

Un millón de especies animales y vegetales están ahora en peligro de extinción

La velocidad con que aniquilamos la vida vegetal y animal no tiene precedentes y los principales factores son el modo en que se producen los alimentos y se genera la energía. Una de cada cuatro especies está en riesgo de desaparecer.

Informe de Naciones Unidas

El informe se elaboró durante tres años, con la participación de 450 investigadores, en base a 15.000 materiales de referencia, por la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). Tiene 1.800 páginas pero basta la lectura de su resumen para concluir que, de no revertirse la tendencia, la subsistencia de nuestra especie se verá amenazada en cuestión de décadas.

Los datos son concluyentes. Mencionemos a modo de ejemplo la pérdida de 100 millones de hectáreas de bosque tropical, principalmente por la ganadería en América del Sur y las plantaciones de aceite de palma en el sudeste asiático o el acelerado deterioro de los humedales, esas reservas indispensables que son hoy apenas el 13% de lo que eran antes de la primera revolución industrial.

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Los suelos se degradan en forma sostenida y creciente y la contaminación se multiplica; la de plásticos, por citar sólo un rubro, es 10 veces mayor que en 1980.

La situación es de una gravedad difícil de exagerar. Los científicos hablan de un declive sin precedentes en la historia en el cual “la esencial e interconectada red de vida en la Tierra se retrae y cada vez está más desgastada”.

El aspecto positivo ante semejante cuadro es la conclusión de que el problema puede ser enfrentado y revertido

Sandra Díaz, investigadora del Conicet y una de los tres argentinos que participaron en la elaboración del informe, declaró al diario El País de España que estamos a tiempo. Su frase “futbolera” es muy clara: ”es como un match de fútbol. Estamos muy mal, nos llenaron de goles, el partido pinta fatal y si seguimos así lo perdemos seguro, pero todavía no terminó. Si cambiamos profundamente nuestro modo de hacer las cosas, todavía estamos a tiempo”.

La destacada científica argentina y sus colegas destacan que las medidas requieren coordinación global pero a la vez deben tomarse en cada país y región y, sobre todo, apuntando a que cada persona asuma la necesidad de participar en esta lucha de todos por el objetivo común de seguir teniendo un planeta que sea nuestro hogar.

En ese marco es urgente preguntarse si una cuestión de tal magnitud y gravedad está en la agenda pública, si resolverla es prioridad de los gobernantes, de los que aspiran a serlo y de la dirigencia en general. La respuesta es clara: NO

El inmenso deterioro de la biodiversidad y el cambio climático, problemas sin duda relacionados, son las mayores amenazas para la humanidad. Está largamente probado que su origen tiene directa relación con la actividad de nuestra especie, la huella ecológica que dejamos en la Tierra. También sabemos, con certeza, que podemos enfrentar esas amenazas y que tenemos cada vez menos tiempo para hacerlo. Sin embargo nada de eso convence a quienes conducen –o quieren conducir- nuestras sociedades a dedicarles la atención prioritaria que requieren.

El informe antes mencionado es una prueba concluyente. Fue noticia por apenas unas horas pero ni siquiera se planteó, a partir de datos tan duros, un debate amplio y serio al respecto.

Estamos a escasas semanas del inicio de una campaña electoral y ninguno de los partidos políticos con alguna representatividad ni de los posibles candidatos se ocupa del tema ambiental, a pesar de que la Argentina contribuye fuertemente a la pérdida de biodiversidad, entre otras cosas por sus métodos de producción agrícola que tienen en esto aún mayor impacto que el cambio climático.

Se trata de cuestiones ante las cuales no puede haber “grietas”, no sólo porque nadie ha hecho nada significativo para enfrentarlas sino porque sólo con consensos masivos será posible hacerlo.

De lo contrario, retomando la cruda descripción científica, seguiremos perdiendo por goleada el partido más importante de nuestras vidas cuyo resultado, debemos comprender, afectará todavía más a nuestros descendientes.

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