Inseguridad vial: la eterna deuda de educar a la población y castigar a los infractores

Cada día, mueren 25 personas en incidentes viales y decenas más quedan con secuelas más o menos graves. Sin embargo, en Argentina no logramos siquiera sumarnos a la iniciativa del Mayo Amarillo ni actuar con eficiencia ante este grave problema.

Es urgente, no se puede perder más tiempo. Sa seguridad vial debe estar contemplada seriamente dentro de las políticas de Estado, ya que los incidentes viales están en continuo ascenso y tienen consecuencias para la salud y la economía de los países.

A la luz de las múltiples víctimas fatales que llegaron a los medios en los últimos meses, es llamativo que la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), que es el organismo encargado de reducir la siniestralidad en la República Argentina, no tenga campañas masivas en todos los medios para poder prevenir los incidentes viales.

La ANSV trabaja en conjunto con diferentes organismos involucrados en materia de seguridad vial, como la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), Vialidad Nacional, el Órgano de Control de Concesiones Viales (OCCOVI), las diferentes Fuerzas de Seguridad, ONGs y otras entidades. Sin embargo, no hay una política clara orientada a controlar la “Enfermedad Trauma” que se produce en cada incidente vial. O no hay planes de acción o no se comunican de manera eficiente, porque no los conocemos y lo daños no cesan.

Un ejemplo: el 20 de abril se lanzó el Plan Metropolitano de Seguridad Vial para Motociclistas, que tiene como objetivo reducir los incidentes viales con motos y mejorar los índices de seguridad vial en la región metropolitana. Pero somos pocos los que sabemos de estas acciones, y ésto es inadmisible ya que la Seguridad Vial es un problema de todos y la única forma de poder reducir los incidentes de tránsito actuales es con educación vial para todos. Si solo se habla de prevención en forma restringida a alguna jornada o evento, la población queda afuera y el impacto de las acciones es mínimo.

 

Las estadísticas revelan que 25 personas mueren por día en hechos viales. Es imperioso que se lleven a cabo campañas masivas de educación vial, acompañadas de leyes con penas severas para aquellos que rompan las leyes de tránsito.

En esa dirección camina Uruguay, que además de realizar buenas campañas y endurecer penas a infractores de tránsito se plegó este año, por segunda vez, a la acción mundial llamada Movimiento Mayo Amarillo, una movida que surgió en Brasil en 2014 para llamar la atención sobre la epidemia dramática y silenciosa que esconden las consecuencias de la siniestralidad vial y sus secuelas.

En Uruguay, con esta acciones, se vienen disminuyendo la tasa de mortalidad por siniestros viales año aaño. Bajó de 16,5 cada 100.000 habitantes en 2013 a 12,8 en 2016.

El país vecino tiene en ejecución, a la vez, un Plan Operativo de Seguridad Vial que reúne múltiples acciones vinculadas a la prevención, orientadas a crear conciencia colectiva sobre el gran nivelde daño privado y público de los incidentes de tránsito y su evitabilidad. Con todo ese bagaje se sumaron este año, nuevamente al “Mayo Amarillo. Atención para la vida”.

 

Leyendo estas iniciativas y observando su impacto, no se entiende por qué la Argentina no toma conciencia de que estamos ante una epidemia en incidentes viales.

En los países que encaran el problema con educación vial y penas más duras a los infractores, el descenso en la mortalidad por siniestros viales es notorio. Sumarnos al Mayo Amarillo, con todo lo que eso supone, sería un gran primer paso. #YoMeSumo.

Por Ma. Gabriela Vidal. Médico especialista en Terapia Intensiva. Hospital Interzonal General de Agudo Gral. San Martin de La Plata. Presidente del Comité de Trauma de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

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