Cómo ayudar a los niños a aprender a perder

Es frustrante y molesto estar fracasando la mayor parte del tiempo. Ayudemos a los más pequeños a aprender a perder y superar este desafío.
aprender a perder

No siempre podemos ganar en las cosas que hacemos. Hay veces en las que fallamos y nos frustramos, pero lo importante es seguir intentándolo. Esto no siempre es aplicable para los niños pequeños, por lo que es necesario enseñarles cómo afrentar estas situaciones y aprender a perder para poder transitar la vida de manera más fácil.

Aprender a perder

Perder no es algo muy agradable para muchas personas. Nos frustramos y nos llenamos de ira por no alcanzar una meta, por no ser el o la número 1 o por defraudar a otros. El fracaso nos acompaña en todos los momentos de nuestra vida, por eso no existe antídoto alguno para deshacerse de él.

Lo que uno puede hacer es aprender a lidiar con estos tropiezos, manejar las emociones negativas y seguir adelante.

Este tipo de enseñanzas son las que nosotros, como padres, debemos incluir dentro del aprendizaje de los más jóvenes. Ellos son los más vulnerables en este tipo de ocasiones, ya que recién están comenzando su etapa de desarrollo mental, además de estar formando su propia personalidad.

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Nadie dice que frustrarse está mal, al fin y al cabo es un sentimiento humano que a veces necesita ser expresado. Sin embargo, sí es fundamental saber cómo lidiar con él. Por este motivo hay que enseñarles a los niños a manejar sus emociones y no dejar que influyen en su vida diaria.

Dar buenos ejemplos

La mejor manera de hacer que los más pequeños aprendan a lidiar con el enojo y la frustración de perder es a través de sus padres. Aunque no lo notemos, los niños están constantemente viendo y analizando las acciones y las decisiones que los adultos toma, e intentarán imitarlas en un futuro.

Cuando los adultos insultan a otras personas por fracasar o perder, los niños aprenden que perder significaría defraudar a los mayores, y por lo tanto fracasar. Este tipo de actitudes ocurren con mucha frecuencia a la hora de ver un espectáculo deportivo.

En este contexto, para los adultos solo hay ganadores y perdedores, nunca grises; por lo que los jóvenes adoptarán esa misa mentalidad y la aplicarán en ellos mismos.

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Por lo tanto, como padres y figuras a seguir, hay que ser muy cuidadoso con la forma de actuar frente a los menores. Al ser tan sentimentales, son bastante fáciles de persuadir y de influenciar con los comportamientos de sus padres.

Aprender a perder

Para cambiar esta mentalidad, hay que enseñarles a los niños a valorar el proceso y el esfuerzo más que el resultado. A veces perder o ganar no lo es todo. Lo que se debería prioriza es el disfrute de la actividad que uno está haciendo, el juego limpio y los valores positivos. Uno también puede ser competidor y querer ganar, pero para ser un completo ganador uno primero debe aceptar todas sus derrotas con dignidad y con ganas de mejorar.

Con este pensamiento, uno comprende al fin que ganar o perder no define el tipo de persona que cada uno es. Lo que realmente importan son los valores que cada uno lleva consigo y de qué manera los transmitimos a otros. No importa si ganas, si sos una persona arrogante que se burla del fracaso del otro entonces el título de ganador te queda muy grande.

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Lo importante de todo esto es la enseñanza que se debe sembrar en la mente de los más pequeños: no importa cuántas veces te derrotaron ni cuántas adversidades pasaste, rendirse no es una opción. Ellos deben aprender que no se debe bajar la cabeza ante una simple derrota, ya que siempre habrá espacio para futuras victorias. Es cierto que lleva su tiempo, pero el trabajo duro hace al maestro y también a un auténtico ganador.

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