Contra el machismo, el nosotros: la urgencia de experimentar el mundo desde la diferencia y el amor

 

El estado de las cosas

La violencia machista no da tregua: 290 femicidios en 2016. Una mujer asesinada cada 30 horas. Un promedio que se mantiene inamovible desde hace casi una década.

Desde 2008 a hoy se registraron 2.384 femicidios. 3000 niños y niñas sin mamá que sufrieron la muerte de su madre, la mayoría de las veces a manos de su propio padre

Otro dato para el espanto: la crueldad es cada vez mayor.  Las mujeres mueren principalmente apuñaladas y también  arrojadas por ventanas, incendiadas, estranguladas, ahorcadas y descuartizadas metidas en bolsas tiradas en un basural.

Uno no tira por la ventana de su casa ni siquiera la basura. ¿Los asesinatos buscan hacer público ese desprecio?

El 62% murió en su hogar: el lugar que tendría que ser su ámbito propio, seguro, es donde las asesinan. El lugar más peligroso para una mujer no es la calle, sino su propia casa

Solo el 10% de las mujeres asesinadas habían hecho denuncias previas. Las mujeres no piden ayuda si no perciben que la Justicia será efectiva o si no avizoran la posibilidad de alguna clase de protección estatal.

La Argentina es el tercer país en el ranking de violencia de género en Latinoamérica: primero Guatemala, segundo México y tercero Argentina. Si se toman las cifras por cantidad de habitantes en las provincias argentinas, la peor es Jujuy, seguida de casi todo el sur: Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut y Neuquén.

¿Qué de nuestra identidad como argentinos y argentinas queda interpelado? ¿Qué de las identidades y la cultura de estas provincias?

La realidad es que el número de femicidios no baja, no lo han hecho en nueve años, a pesar de las campañas, de las marchas multitudinarias. ¿Sirven éstas? En parte sí, porque se cuadruplicaron las denuncias. Es decir: las mujeres víctimas se movieron. Pero ¿y el resto de hombres y mujeres?

Si no se mejora desde el Estado y la Sociedad Civil la prevención y la contención, si por ejemplo, no se aplica el Plan Nacional de Acción para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, nada cambiará y  la violencia puede aún devenir batalla campal, por mayores niveles de irritación y venganza en el territorio vulnerable de víctimas y victimarios a solas.

Necesitamos programas de atención, refugios, subsidios, asesoramiento legal y psicológico, acceso a la salud, capacitación, inserción laboral. Y también leyes que quiten la patria potestad a asesinos y a funcionarios con historia de violencia.

Pero pongamos atención a algo que no es del orden de lo práctico. ¿Por qué tiene esa espectacularidad hoy la crueldad contra las mujeres? ¿Es la búsqueda de una visibilidad amedrentadora? ¿Es -como en tiempos de caza de brujas en el medioevo- la siembra del miedo para paralizar y disciplinar? O ¿es que los hombres matan mujeres salvajemente porque no se pueden matarse a sí mismos? ¿Son hombres heridos por las atroces humillaciones que el cotidiano en esta sociedad cruel post capitalista reserva para los “fracasados” de toda índole?

 

¿Antagonistas o agonistas?

El término agonista es un adjetivo que viene del latín con raíces griegas que en el terreno de la bioquímica califica al componente que tiene la capacidad de aumentar la actividad que realiza otra sustancia. Los agonistas funcionan sobre la base de su capacidad de acoplarse, consiguen a partir de ello cierta acción en la célula. Los antagonistas, por el contrario, cumplen la función de bloqueo.

En el campo de la  anatomía,  los músculos agonistas son aquellos que realizan un movimiento opuesto al que desarrolla el músculo antagonista. Dicho de otra manera: si el agonista realiza una contracción, el antagonista procede a la relajación.

Hago esta reflexión para preguntarme por la efectividad de seguir, a partir de ahora, con las mismas herramientas del feminismo combativo de las sufragistas. ¿Cómo hacemos para salir de la energía del antagonismo para embarcarnos en  la del agonismo?

¿Podríamos, para empezar, trabajar sobre la idea de que los hombres también son víctimas del machismo?

El Dr. Juan Carlos Escobar, a cargo del desarrollo de programas de salud en adolescentes desde el Ministerio de Salud de la Nación, desarrolla un pensamiento muy desafiante. Sostiene que con los cambios habidos en la condición de la mujer durante el último siglo es probable que los  varones no sepan adónde están ahora. Probablemente no encuentren un lugar propio. Son tradicionalmente -por mandato- proveedores. Pesada carga de la masculinidad,  ser fuerte y  protectora, cuidadora, proveedora, procreadora. Se trata del mandato de poseer… En un mundo donde la desposesión es la norma: el 1% de la población mundial posee el 50% de la riqueza planetaria.

Los costos de la masculinidad hegemónica no son sólo para las mujeres sino también para los varones.

¿Qué pasaría si les fuera dicho a los hombres: “contá lo que te pasa, saca lo que tenés adentro, no te tapes la pelada, no levantes kilos en un gimnasio, no trates de llegar, no pasa nada si no podés, la vida no es sólo llegar a cambiar el auto o llegar a pagar las vacaciones… Sumate a un mundo de amor, conexión, justicia y paz…”

Tenemos que poner en imagen y en palabras el cuidado del cuerpo de los varones para salvar vidas, como en el caso del cáncer testicular, el by pass a los 60 años, o el accidente vial por alcoholismo a los 18.

Tenemos que ocuparnos del suicidio juvenil. En nuestro país, de 550 adolescentes suicidados, 400 son varones. Los  suicidios y la muerte violenta en personas varones jóvenes está en relación directa con el modo de vivir la masculinidad. Si nos dedicamos al control del cuerpo masculino, podremos poner en juego la vulnerabilidad de ese cuerpo y podremos  salvar muchas vidas.

No es menor el dato de la venta de Viagra, que ha  tenido un aumento escalonado desde 90 mil unidades en los 90’ a 28 millones en el 2012… ¡Y que el 30 % del consumo sea de menores  de 21 años!

En los jóvenes, el Viagra no se vincula sólo al consumo de drogas sino que mucho a la imposibilidad de manifestar su temor en las primeras relaciones sexuales

La erección es históricamente la potencia del varón. No hay posibilidad de una idea de sexualidad sin penetración. La disfunción sexual eréctil se llama directamente impotencia… Resistir el dolor, no llorar, si llorás sos un maricón… Si un chico cuenta – ¨Me pegaron…”, la mamá responde : ¨- Y vos… ¿te defendiste?” La enfermedad y la mortalidad que esto causa en varones también se vinculan con el costo de ¨poner el cuerpo” como varones.

Una mujer se angustia mucho porque ve a su hijo solo y aislado porque no le gusta el fútbol. Bueno, finalmente lo acepta pero… lo anota en Taekwondo. ¿No serán las acciones cotidianas en la crianza de nuestros hijos más significativas que las marchas se protesta en la calle?

Dice María Galindo, líder feminista del grupo  boliviano Mujeres Creando: “no podemos despatrialcarizar sin descolonizar”. Y en esa descolonización estamos embarcados en liberar de la opresión tanto a hombres como a mujeres. Pero ¿cuántas mujeres se bajarían de la marcha si ésta incluyera descolonizar, jugar a fondo a favor de la equidad social y el justo trato con la naturaleza? ¿Quizás suprimiendo la producción mundial de desodorantes femeninos y maquillajes bajaríamos el calentamiento global? ¿Quién se anota?

La causa de la libertad, la equidad y el buen vivir ¿nos sumaría nuevos aliados?

 

El amor como figura de verdad

¿Cuál sería la alternativa al machismo? Si pensamos que es reconocer al otro como par, empatizar con lo diverso, abrazar al otro y saber abrazarse a uno mismo, compartir nuestras  luces y también nuestras  sombras. ¿Podríamos plantearnos esos valores como estrategia fundante de un nuevo feminismo?

Ya no hablaríamos de feminismo sino de la potencia intensiva de experimentar el mundo como amor. Amor como poema del encuentro. Encuentro, como juego de las diferencias.

Dice Alain Badiou: “tanto en el amor como en la política, el desafío es experimentar el mundo desde la diferencia”. Una política de amor cívico podría ponernos en un aprendizaje colectivo sobre qué es identidad y qué es diferencia; y desde qué valores culturales le daremos respuesta a ambas cosas. ¿De qué seríamos capaces las mujeres y los hombres si pensáramos y nos organizáramos para estos desafíos?

Podríamos asumir la diferencia volviéndola creadora, en el amor de pareja, en la familia, en los diversos colectivos  de los que somos parte. ¿Podrían esas diferencias pasar de ser azar y  contingencias a ser necesidad y destino?

El amor es siempre la alteración de una identidad para dejar lugar a una diferencia. La experiencia de la alteridad es central en nuestra vida porque funda la ética.

El ejercicio ético es más probable cuando reconocemos la necesidad de la presencia de otro y esa necesidad no tiene fuente más poderosa que la del amor.

El amor es siempre la posibilidad de presenciar el nacimiento de un mundo nuevo. ¡Animémonos a crear campos de amor en nuestras manifestaciones para dejar en claro que ese es el cambio por el que luchamos!

 

Por Inés Sanguinetti. Miembro del Directorio del Fondo Nacional de las Artes. Fundación Crear Vale la Pena 

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