Cambios de paradigma: trabajar para viajar y vivir el hoy

Los adultos viven un “ritmo vertiginoso” que genera “estrés, insatisfacción e imposibilidad de alcanzar la felicidad”. Los niños adquieren de éstos, nuevos modelos para sus relaciones basados en la sustitución:

“Si ya no me gusta con quien estoy, no lucho para reconstruir los vínculos, mas bien lo abandono y busco algo que pueda darme satisfacción”

Ese planteo es de la reconocida filósofa Josefina Semillán Dartiguelongue, quien dice que las nuevas tecnologías y el desarrollo de la comunicación, generaron grandes cambios estructurales en la sociedad, concibiendo nuevos hábitos que modifican el normal desarrollo de las familias, el modo de vivir de los individuos y las formas de relacionarse unos con otros.

Las nuevas generaciones ya no trabajan para ser profesionales y vivir de sus estudios. Tampoco para ahorrar y poder comprar su propia casa o auto.

Mientras que las generaciones anteriores medían el éxito por la consecución de bienes, gran parte de los jóvenes de hoy prefieren viajar y acumular experiencias

“Quienes integran la generación yasística, donde todo ocurre ya, ahora, al instante, con inmediatez absoluta, son seres gánicos; responden a ganas. No existe el concepto de prever las acciones o los hechos.

“Es difícil definir planes. Vivo el presente. O por lo menos eso es lo que intento”, es lo que la mayoría plantea.

“Viajar causa adicción. Lo tomo como un estilo de vida y no como vacaciones. Nada es seguro, eso es lo lindo de la vida, el no saber qué va a pasar. El futuro no lo pienso”

“Todo puede acontecer, hoy digo que quiero ir al Perú y por ahí mañana me estoy yendo a Australia ¿Si no es ahora, cuando?”. Y entonces Dartiguelongue agrega:

“Esta falta de necesidad de saber que al volver de un viaje tienen trabajo, y por ende un ingreso fijo y posibilidad de crecimiento asegurada, se da por un cambio de época donde se mezcla todo”

Pérdida de responsabilidad

Quienes no comparten este estilo de vida, aseguran que hay una notable pérdida de responsabilidad entre los trabajadores más jóvenes.

Quienes sí lo comparten, o no lo hacen pero lo entienden, dicen que hay un cambio de prioridades.

La profesional plantea que:

“La verdad es que hay una pérdida de responsabilidad porque antes de prever qué hacer lo hacen sin medir las consecuencias”

Generaciones

Decir que quienes llevan este estilo de vida se ubican en un rango etario claramente definido que va de los 20 a los 30 años, porque además de amplio resulta escurridizo, es complicado.

Algunos mayores que quedan afuera de esa franja también viven el minuto a minuto como la generación yasista. Pero también es difícil, además de injusto, generalizar estas conductas con todos aquellos que integran la generación de los millennials (esos que nacieron entre 1981 y 1995), aunque sea un grupo importante de personas el que siga este ritmo.

“Es una especie de inmadurez no querida. Son personas que no tienen visión de futuro, ya que en su vida todo es relativo producto del escepticismo. No piensan en generar acciones que los conviertan en ejemplos a seguir por las generaciones futuras”, explica la filósofa.

Sin duda un tema para varias e interesantes charlas de café.

 

 

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