Envejecimiento y crisis económica: señales de alerta desde el Primer Mundo

La perspectiva bien utilizada debería hacer sonar las alarmas de quienes tienen ante sí la toma de decisión política. “Una jubilación entre rejas” fue el título de un artículo
publicado en el diario español El País en 2013. Allí había un par de datos que, de mínima, eran preocupantes: el porcentaje de reclusos mayores de 60 años ha crecido desde los años 80, llegando en ese momento al 3,5%; por otro lado, el sindicato de funcionarios de prisiones solicitó en ese momento al Gobierno un plan integral para el tratamiento de los internos mayores.

En los últimos meses cobró notoriedad cómo en Japón las personas mayores recurrían a pequeños actos de delincuencia con el objetivo de ser condenados a prisión donde, una vez dentro de ella, podrían remediar aspectos básicos como un techo, comida caliente, chequeos médicos, luz y agua, sino también paliar algo cada día más frecuente como la soledad indeseada.

En estos momentos en Japón hay cerca de 4.000 ancianos en prisión, algo así como el 15% del total. Esta cifra es el reflejo de que las personas mayores son responsables del 40% de los hurtos y del 20% de los actos de delincuencia, cuando en 1990 apenas llegaban al 5%. Este dramático cambio llevó a que el servicio de prisiones japonés deba contratar a cuidadores, médicos o enfermeras, así como a modificar la infraestructura para una población carcelaria cada vez más envejecida, lo que ha provocado que el 33% de las trabajadoras femeninas hayan renunciado en los últimos tres años.

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El aumento de la población carcelaria en el mundo viene en continuo aumento, no solo ocurre en España o Japón. Desde el año 2000 la población carcelaria aumento un 24%, un porcentaje similar al crecimiento de la población mundial según el World Prisión Population List 2018.

Ahora bien: ¿Qué ocurre en un escenario de inestabilidad o incertidumbre económica con las tasas de crimen? Distintas teorías sostienen que la contracción de la económica puede incrementar las tasas de crimen, lo mismo que ocurre con altas tasas de desempleo y los elevados índices de desigualdad. También se menciona la baja inversión en políticas de bienestar social que suelen acompañar esos periodos. Durante estas épocas de contracción económica el número de personas en condición de pobreza suele aumentar y de la experiencia sabemos que las consecuencias sobre el bienestar de la población son negativas. Los indicadores sociales se resienten y con ello los determinantes sociales.

La combinación de incertidumbre o crisis económicas en una región de fuerte tendencia demográfica al envejecimiento como América Latina debería permitir pensar y actuar para que el porvenir sea menos incierto y seguramente menos desigual para todos

La perspectiva, en una de sus acepciones, habla del conjunto de circunstancias que rodean al observador y que influyen en su percepción o en su juicio. Bajo este considerando da la impresión de que estamos ante una necesidad que no ha encontrado respuesta aún.

Estos hechos podrían ser de gran ayuda para prevenir un futuro que a veces nos sorprende como hoy lo están haciendo los mayores en Japón o como ya se había visto en 2013 en España, un país con mayor similitud cultural con nuestro país y la región que el imperio del sol naciente.

Cuestión de perspectiva.

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