Jugar, leer cuentos, festejar un cumple: derechos que muchos argentinitos no tienen

En nuestro país, el 40% de los chicos bno tienen libros infantiles ni les cuentan cuentos; el 17% no festeja su cumpleaños,y más del 60% no realiza actividades recreativas fuera de horario escolar.

¿Qué hace feliz a un niño?

Muchas veces, cuando nos preguntamos qué hace a un niño feliz, encontramos la respuesta en el “juego”. No resulta ilógico cuando lo pensamos como algo propio del mundo de los niños, una instancia que les permite descubrir su vocación, su motivación, conectarse con sus intereses y construir mundos posibles.

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El juego es una actividad vital de los seres humanos, desde un bebé que se chupa la mano o un grupo de niños que juegan juntos. El juego está íntimamente ligado a las posibilidades de desarrollo, es universal y es uno de los principales motores del desarrollo integral. A través de la recreación y el esparcimiento se potencia el aprendizaje, la experimentación y la adaptación emocional. Jugar es además placentero y divertido, y es un fin en sí mismo.

Cuando un niño no explora, no juega, no se divierte, sus oportunidades disminuyen

Habitualmente la posibilidad de juego no es uno de los principales indicadores que se evalúan en la situación de la niñez. Sin embargo, en nuestro país muchos datos alarmantes se acumulan sobre este punto. En Argentina, el 40% de los niños y niñas no tienen libros infantiles ni les cuentan cuentos; el 17% no festejó su último cumpleaños, y más del 60% no hace actividades recreativas fuera de horario escolar.

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Los adultos cumplimos un rol clave en el acceso al derecho a jugar, a la recreación o al esparcimiento. El juego es un gran espacio de acercamiento y relacionamiento con los niños y adolescentes. La actividad lúdica estimula la creatividad, la aceptación de normas y límites, la socialización, el trabajo en equipo.

Los adultos tenemos la obligación de habilitar el espacio de juego, de acompañar el deseo de jugar de los niños y adolescentes

Como la alimentación, la salud, la educación o la protección, el juego es imprescindible para el desarrollo. No jugar trae consecuencias negativas y aumenta la desigualdad entre los niños.

Jugar es vital para el desarrollo integral de cada uno. Cuando el juego es acompañado por las familias, se fortalecen además los vínculos y posibilidades de resolver conflictos al interior de las mismas. Por eso, es fundamental que como adultos podamos garantizar el espacio y el tiempo para jugar, con amigos y en familia.

  • Por la Lic. Alejandra Perinetti, Directora Nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina

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