Herramientas para padres: lo que ayuda a crecer a los hijos (y lo que no)

Crecer asusta, en Argentina, en Shanghái y en Oklahoma. Lo conocido tranquiliza, lo nuevo siempre es objeto de temor. Lo he dicho muchas veces: el camino maravilloso o complejo de ser padres es acompañar a nuestros hijos en el sendero del crecer y darles herramientas para que puedan transitar de la mejor forma posible la salida del ser niños y jóvenes hacia el ser adultos.

Lamentablemente, en los últimos años tenemos una generación de padres “amorosamente tibios” que permiten y negocian lo innegociable: la salud de nuestros hijos.

Tibios por el peso de lo no resuelto en la propia historia, por miedo a perder el amor de los hijos, por pensar que los paradigmas han cambiado, cuando en realidad la esencia es la misma a pesar de los pesares.

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Pero no voy a hablar en esta nota de los padres, aunque sí los piense a ellos como interlocutores. Quiero hablar de los chicos, de nuestros jóvenes. En este camino del crecer, tendrán que cruzar aguas turbulentas o arenas pantanosas y, para sostenerlos, siempre es bueno proveerles puntos de apoyo, puntos que pueden ser saludables o no.

Pueden nuestros chicos tener una balsa que los traslade o también como en la fábula de la rana y el escorpión: llevar sobre sus espaldas a quien nos pique con su aguijón para finalmente hundirse.

Nuestros chicos se apoyan en tres muletas del “grupo de los escorpiones” para animarse a pasar al mundo adulto.

  1. La virtualidad como anestésico al miedo social y a la exposición con el otro.
  2. Una sexualidad precoz como panacea y placer garantizado en forma inmediata.
  3. El uso de alcohol y sustancias psicoactivas.

Los riesgos de la tecnología

El primer punto: la tecnología es siempre fantástica si es trampolín al mundo real
desde el virtual. Cuando es escudo protector dudo de su eficacia saludable: más bien
estoy convencido de su toxicidad.

El mundo de los monitores es ficticio y crea la ilusión de una conexión con el otro a menudo riesgosa. Se diluyen los procesos; la virtualidad tal como es usada por la
mayoría de los chicos atenta contra la construcción esencial de los vínculos y la permanencia y cuidado de los valores, que es lo que más nos diferencia en nuestra especie y que son en definitiva los que generaran nuestra identidad social.

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Se pierde el mirarse a los ojos, se anestesian todos aquellos procesos que involucran la vergüenza, la timidez, los miedos lógicos de la interacción y el proceso mismo de aprender a gestionar emociones y sensaciones.

Las redes sociales son un hiperfacilitador de la construcción de relaciones humanas pero lo que rápido llega rápido se va. Como partidas simultaneas de ajedrez, nuestros chicos, (y a menudo los adultos también) pululan por los vínculos como si fueran colibríes que se posan en la superficie con la sensación de plenitud que se diluye tan pronto como se encuentran con ellos mismos… El encuentro más difícil y para el que definitivamente no los estamos
preparando.

Erotización temprana, sexualidad precoz

La entrada precoz al mundo de la sexualidad activa es triste marca de nuestros tiempos.
Nuestros chicos entran tarde a etapas en las que debieran tomar prisa y se apuran para llegar a situaciones que suelen ser poco saludables para ellos.

La erotización temprana tiene que ver también con el primer punto. El avance tecnológico y su incorporación a la vida cotidiana son estímulos que impactan en la subjetividad de los jóvenes generando altos niveles de exposición personal. Las redes sociales se convierten en espacios de interacción muchas veces indiscriminadas, y allí  desnudan cuerpos y almas. La posibilidad de compartir experiencias pareciera no tener límites.

De manera indiscriminada ponen a rodar su genitalidad en la interacción casi salvaje con sus pares, asumiendo riesgos que desconocen, desde los embarazos adolescentes, transmisión de enfermedades por vía sexual pero, sobretodo, se arriesgan a vivir situaciones para las que no están subjetivamente preparados, no pueden decodificar, no pueden procesarlas.

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La vida está para ser vivida, no para ser engullida, y eso hacen a menudo nuestros chicos con nosotros, los adultos como espectadores pasivos de la premura en el crecer…

Consumo de sustancias

Bajo la máscara del “Todos lo hacen, todos toman, todos fuman”, los jóvenes hoy tienen con las sustancias psicoactivas (alcohol y marihuana a la cabeza) un romance peligroso y poco sutil.

Los chicos entran en contacto con el alcohol y las drogas a edades cada vez más tempranas, bajo la mirada desconcertada de los adultos. Una posición muy común es la de los padres que adoptan la forma del “compinche” como forma de ganar la confianza de los hijos.

No se dan cuenta que borran la línea esencial del vínculo, la asimetría. No somos pares, somos padres

Sin duda, a los padres se les hace complejo encontrar el punto medio entre el
acompañamiento saludable a nuestros hijos en el camino del crecer. Cerca para cuidarlos, lejos para no asfixiarlos, es el axioma más complejo de la paternidad.

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Control tecnológico

La tecnología hoy nos brinda elementos que pueden ser de acompañamiento parental o de control enloquecedor. Ultima hora de conexión, doble tilde azul, distintas redes sociales y los movimientos en cada una de ellas.

Vuelvo a decir lo que muchas veces planteo como base esencial de la tarea de ser padres: el vínculo con los hijos se construye sobre la base de la confianza y el diálogo. Nuestros hijos deben construir su propio mundo, despegar del plano endogámico, saltar el cerco de lo conocido que tranquiliza.

Crecer es alejarse de los vínculos primarios y construir en el afuera. Acompañar sin vigilar es el desafío y la gran mayoría de la veces no es logrado… Los padres confunden hoy ser cuidadosos con ser hackers

Y no olvidemos que los adolescentes tienen como tarea transgredir, por lo que si el cerco es extremo las roturas del mismo serán mucho más violentas.

Caja de herramientas

Los tiempos cambiaron, la esencia sigue siendo la misma. Así las cosas, parece apocalíptico, pero no lo es. Las herramientas están mucho más al alcance de nuestras manos de lo que parecen. ¿Qué podemos hacer los padres para generar mojones y puntos de anclajes que les ofrezcan alternativas para salir a este mundo en el que les toca vivir sin apoyarse ellos en muletas que los atrapan y sin caer nosotros en controles enloquecedores?

  • Escuchemos nuestros miedos y formemos redes de padres donde podamos
    pensar estrategias que acompañen, cuiden y sumen en el crecimiento de
    nuestros hijos.
  • Prestemos atención a las señales que ellos siempre dan. Cuando hay un chico con problemas de consumo de sustancias en una familia hay inevitablemente padres que han silenciado o negado los indicios que hubieran podido frenar el desarrollo del conflicto. Un hijo adicto no es un problema, es la punta de un iceberg de una familia
    con dificultades. Gran parte de los trastornos adolescentes son resultado de omisiones en la percepción de los padres respecto de las señales que los hijos siempre dan.
  • Propiciemos el dialogo como elemento esencial.
  • Demos ejemplo en un uso saludable de la tecnología. Que los encuentros con nuestros hijos sean sin monitores encendidos y con miradas plenas.
  • Si detectamos que algo anda mal no dudemos en recurrir a la ayuda profesional, evitemos minimizar el problema porque espontáneamente y sin nuestra intervención con ayuda de un especialista las cosas tienden a crecer y agravarse.

Padres separados: lo que los hijos sí necesitan y lo que no

Nuestros hijos pueden y necesitan suplantar todas sus muletas por hombros firmes, manos que contengan, mirada que sostenga y palabras que sabia y equilibradamente acompañen su crecer. Tenemos en potencia cada una y todas de esas cualidades, solo tenemos que encontrarlas dentro nuestro y entonces, ¡manos a la obra!

 

Por Alejandro Schujman, psicólogo especialista en adolescentes. Autor del libro Generación Ni Ni y coautor del libro Herramientas para padres. Autor del espacio Escuela para Padres en Buena Vibra.

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