El Museo de Vibradores Antiguos, un paseo curioso en San Francisco

“El vibrador eléctrico precedió al aspirador eléctrico de vacío por nueve años, a la plancha eléctrica por diez, y a la sartén eléctrica por más de una década, posiblemente indicando cuales son las prioridades del consumidor.” – Placa en el Museo de Vibradores Antiguos

Este curioso y nutrido museo, ubicado en la californiana ciudad de San Francisco, recoge diversas muestras de estos aparatos que nos permiten reproducir al detalle cómo y porqué fue evolucionando este cada vez más popular dispositivo.

Para comenzar el paseo, es importante recordar que el vibrador no siempre tuvo una connotación puramente sexual. Sexista quizá, pero no sexual. En sus orígenes se comercializó como una cura para la “histeria” femenina y fue conocido por nombres tales como masajeador de calor, masajista personal, sistema de recirculación de sangre, y quienes no se andaban con rodeos lo llamaban “la varita mágica”.

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En las vitrinas del museo se pueden ver algunos aparatos con los cuales los médicos de mediados de 1800 realizaban los prescriptos “masajes vaginales” para calmar la histeria de las mujeres.

Rachel Maines dice en su libro “La tecnología del orgasmo: “Histeria”, el vibrador y la satisfacción sexual de la mujer”: “Las mujeres a las cuales se les diagnosticaba histeria exhibían una amplia variedad de síntomas, incluyendo debilidad, nerviosismo, deseo sexual, insomnio, retención de líquidos, pesadez en el abdomen, espasmos musculares, falta de aliento, irritabilidad, pérdida de apetito por la comida o el sexo, y “una tendencia a causar problemas”

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Semejante “mal” debía ser curado con las más novedosas tecnologías. Puede conocerse aquí uno de los avanzados dispositivos que aparecieron cuando llegada la década de 1860 un médico norteamericano llamado George Taylor patentó por primera vez un aparato vibrador a vapor y lo llamó el “manipulador”.

La fama de este “remedio mecánico” fue creciendo y la variedad de objetos surgidos de la inventiva popular puede, desde ya, apreciarse en este lugar.

Por ejemplo se puede conocer el primer vibrador eléctrico del mundo patentado en Inglaterra (un par de décadas más tarde que el de vapor) por un médico llamado Joseph Mortimer Granville.

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El museo recopila una gran cantidad de anuncios publicitarios de todo estos períodos donde se ponderan “las ventajas” de este producto. En este sentido, es llamativo ver como esas promociones van cambiando de sentido conforme va variando la opinión pública sobre los vibradores.

A través de los años muchas empresas alteraron y refinaron el vibrador eléctrico, pero durante la década de 1920, cuando empezaron a aparecer en películas pornográficas, los dispositivos cayeron en desgracia entre el público, los anuncios desaparecieron de periódicos y revistas, y el vibrador fue a parar bajo tierra.

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A pesar de la mengua en el furor por el uso de los vibradores, ellos nunca desaparecieron. Por el contrario, se hicieron objetos de culto y hasta de representación artística. El museo muestra algunos ejemplares que se hicieron eco de las tendencias artísticas de cada época. Hay en las vitrinas de este lugar muchos dispositivos con diseño art deco, una época claramente favorecida por la pasión por los vibradores.

Los avances tecnológicos de mediados del siglo XX también tienen su correlato en estos aparatos. Aparecen por ejemplo innovaciones que necesitaban ser manejadas desde tableros anexos al vibrador y también suplementos de distintos materiales, que se suman a la colección.

Historia, diseño, arte, tecnología, medicina. Todo esto, sin sonrojarse ni un poquito, puede conocerse en este curioso museo.

“Vengan a conocer las vibraciones de nuestra colección, que van de finales de 1800 hasta la década de 1970” anuncian los curadores de este museo.

Para completar el paseo, el mismo museo ofrece una tienda donde los más novedosos vibradores del mercado están a la venta.

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